jueves 20 de marzo de 2003

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saliendo bien las cosas, aunque sean más bien raras las cosas que uno hace, es fácil ir tomando confianza y firmeza, sea lo que sea lo que uno haga o lo que tenga como profesión o forma de vivir;
saliendo mal las cosas, es fácil ir desconfiando sucesivamente de categorías distintas de valores, hasta terminar desconfiando del propio criterio, y de las propias inclinaciones;
así, en ambos grupos, la gente se va guiando por los ciegos resultados, y en el fondo, todo queda reducido a una cuestión de resultados;
pero eso para nada tiene por qué ser así, si se le da la importancia que tiene a la calidad de la vida que hay antes y después del resultado